Bien sabido es que en esta tierra son solo los ríos los que dan nombre a los lugares. Los ríos o las montañas. Nada se escapa a su presencia y todo lo atraviesan con su caprichosa mano. Son la esencia del territorio en su fecundidad, el confín mismo de la necesidad y solo ven su tarea usurpada por la nieve o el fuego, meteoros que ocupan su reflejo, la otra cara, el envés de esta tierra, el cielo. Así, los lugares toman el nombre de ellos, y los sitios, más pequeños, del cielo. Es por eso que a un lado de la ladera le llaman solana, y al otro, bajo las breñas, abeseo. Si hablamos de un territorio más amplio, un país, lo llamamos por ejemplo Valduerna, el valle del rio Duerna. En este lugar hay un sitio que le llaman Priaranza, (quizás sea cierto eso de que se refiere a el lugar donde abrevaban los caballos, otra vez el rio), al que hemos sido convocados para tocar, Sofía Miguélez y un servidor, este próximo domingo día 28 de septiembre a eso de las 18:30 h en la iglesia del lugar… ¡aguardámosvos!, quizás salgamos de dudas de todos estos asuntos nominales.