Rodrigo Martínez en Priaranza de la Valduerna

Para ser sinceros, hay una cosa que a un músico como yo le suele gustar, porque, bromas aparte, despeja la duda eterna de si habrá sido acertada la música que en su día allí dejaste, y es que te vuelvan a llamar. La lógica prácticamente te obliga a pensar que la última vez debió de parecerles oportuno, por lo menos a los responsables de la organización del concierto porque, ¿de qué otro modo tendría sentido volver a contar contigo? Es entonces cuando te traiciona el pensamiento y empiezan a aparecer decenas de otros motivos que como ya os dije, bromas aparte, no se sostienen de ninguna manera sólida… Y os preguntaréis por qué de esta naturaleza tanta confesión, y os diré que no es sino porque a menudo vuelvo a ser requerido en muchos lugares en los que ya estuve. Es por ejemplo el caso del concierto que aquí os vengo a anunciar, en Priaranza de la Valduerna, este próximo domingo 27 de septiembre, a eso de las 19:30 horas, en la ermita del lugar. Metidos ya en el asunto de las confesiones, os diré que estas cosas traen otros dolores menores, como el miedo a hacerlo peor, o incluso mal, o a dejar en una situación difícil a quien ha estimado oportuno, y así lo ha defendido, que tú estuvieras allí una vez mas. Lo del ser humano no tiene nombre…

Ún de Grao y RM publican «Nun llores nin».

Decía mi güelo que no era buena cosa andar con medios días, pudiendo andar con días enteros y aunque el asunto tiene varias lecturas y no va a ser ahora el momento de analizarlo, me quedo, porque me sirve para lo que os quiero contar, con la que ahora veréis. Bien sabido es que hace algo menos de un año me junté por vez primera en lo que a concierto público se refiere con mi buen amigo José Martínez, Ún de Grao pa mas señas, hábil renovador de la tonada asturiana, y que la cosa fue espontánea, y fácil, porque con José son todo facilidades… ¡Pues bien!, Cómo estamos como madreñas, miedo tenemos poco y vergüenza ninguna, y además confiábamos en que fuérais a vernos y sacar algo de dineros, se nos ocurrió la insensata idea de reinvertirlo en grabar el concierto, que algún tema quedaría potable, y que en cualquier caso sería un recuerdo guapo pa nosotros. Total que así lo hicimos, y ahora, superadas todas las vicisitudes del proceso y los otros miedos que si padecemos, nos hemos decidido a compartirlo con vosotros y que decidáis por vuestro propio pié y criterio. Es por eso que os dejamos aquí una de las piezas. «Nun llores, nin», una añada que se caga la perra…

Rodrigo Martínez Dúo en Villacete.

Pronto, a primera hora de la tarde ya estaremos preparados, haciendo recuento de los últimos telares, enviando un wasap de última hora con algún recordatorio, cargando los bártulos en el coche, tranquilos, porque vamos cerca de casa y a buen seguro habrá amigos entre el público. Estoy viendo a Pablo acercarse hasta el estudio, que unos días atrás dejó allí la mesa y tiene que ir por ella, Sofía, metiendo el curdión y otros telares necesarios, -¡Rodri avísame cuando salgas de casa!.- Cargaremos el equipo de sonido, y cogeremos la autovía hacia el sur, y apenas llevemos unos minutos ya saldremos en el desvío para ir a Villacete, que allí se celebra el concierto. Llegaremos a la iglesia, descargaremos el equipo y dos horas por delante de montaje y prueba. Cuando menos demos cuenta, ya nos estarán apremiando…¡¡venga!!, que es la hora…que empieza el concierto, que ya son las 19:30h… entonces nos sentaremos a la vuestra vera, y comenzaremos a cantar y contar los cantares de lo nuestro. Vamos a poner todo el empeño en hacerlo bien… es lo que solemos hacer. Todo esto acontecerá en la tarde del sábado 12 de septiembre.

Rodrigo Martínez Dúo en Albares de la Ribera

Que digo yo, que qué maravilla anunciaros esto… Que viene a verme un buen amigo y gran músico desde Galicia, que traerá la zanfoña, y que una cosa como esta no se puede desaprovechar así como así, por lo que aquí os vengo a anunciar que vamos a ofrecer un concierto juntos. Eloi Martínez, mais eu, tenemos preparados un buen puñado de cantares que llevaremos al directo para despedir el mes este próximo sábado 29 de Agosto, en el pueblo de Albares de la Ribera (Bierzo alto) a las 21:00 horas, en la iglesia.

Rodrigo Martínez Dúo en Villahibiera.

Recuerdo muy bien aquellas ruinas. Recuerdo cómo se amecían de tal manera con el terreno y la vegetación que ya no se sabía qué era tierra y qué iglesia, dónde comenzaba la ruina y dónde terminaba el escollo, en un amasijo de piedras y madera, sumergidos en una brava nube de zarzas y espinos que invadía todo, y lo cubría de un dulce abandono como pocas veces he visto. Las portonas de entrada eran labradas y estaban resguardadas por los restos de una especie de antiguo atrio. Sus goznes oxidados la mantenían aparentemente trancada para un niño como yo pero su deterioro era tal, que se había entornado ligeramente una de sus hojas dejando una rendija lo suficientemente grande para que un guaje pudiera pasar, y lo suficientemente pequeña como para pasar inadvertida ante un adulto. Dentro, el techo estaba hecho jirones, con trozos de madera que llegaban casi al suelo y al levantar la mirada se veía mucho más cielo que artesonado. Era una pura amenaza. Más allá, a la derecha, abangada por los años, una vieja viga de chopo sujetaba el coro como al borde del colapso, y en frente, el altar, con algo más de fortuna, apenas parecía haber resistido el paso del tiempo.

-¡Oye!, ¿qué andáis ahí? ¡Venga pa casa! ¿Cómo hay que deciros que no vos ariméis ahí home, que está eso muy mal? ¡Cualquier día se cae!, estos guajes no hacen caso a nadie -¡Oiste!, No des guerra que vas pa entre los ríos con las vacas, deja ya de enredar-

La llamaban la iglesia vieja, que había sido de Santo Tirso creo, y estaba situada bien al final del pueblo, en el barrio de arriba, pegado al monte, sobre la cuesta que ya apuntaba hacia lo que llamaban la Cruz, un poco antes de las Barreras, un poco en alto. Para subir a ella, había una calea hecha a fuerza de pasar la gente, flanqueada por unas acacias que prometían buena sombra en verano, pero a pesar de la poderosa belleza del lugar era un reburdio continuo el run run de los vecinos sobre el estado de la ruina. Que era peligroso decían, que cualquier día se llevaría a alguien. Sin embargo, a pesar de su devastado aspecto, aún conservaba esa extraña condición de solemnidad que tienen los lugares sagrados, y conmovía su presencia como conmovía la sublime negrilla que tenía por compañera. Un arbolón majestuoso que, entre dos de sus raíces, poseía también una rendija por la que penetrar en su interior. Este era sin lugar a dudas nuestro verdadero templo.

Os he contado que el abandono estaba en la iglesia, pero no es verdad, el abandono se había instalado en todo el barrio, estaba desparramado por todas partes, con una maravillosa dulcedumbre que invadía el corazón.

Un buen día, sin que yo pudiera dar cuenta, apareció por allí una máquina e hizo de aquella calea pindia una suerte de camino algo más lustroso, poco, y de aquel desgarro, en el ribazo dió en aparecer lo más misterioso y arcano que puede conocer un niño, los restos de un camposanto, osamentas y calaveras de decenas de hombres que habían sido enterrados en derredor de la ilesia. Los adultos evitaban transitarla, y si alguna que vez se veían obligados, aceleraban extrañamente la marcha a su paso. No así los niños, que fascinados por el suceso nos afanábamos en la labor de sacar un cráneo completo, de contar las muelas en las mandíbulas o de poner nombres a los que allí yacían. Ni los esfamiaos perros lo querían cuando intentábamos darles, para ronchar, alguno de los restos. La muerte caminaba por aquellos páramos como un miembro más de la tribu.

El pueblo era a menudo asolado por fuertes tempestades que muchos veían como un castigo de dios. Era algo atávico aquel miedo a las tormentas que parecía venir de muy antiguo, y al que las viejas conjuraban murmurando jaculatorias en un extraño trance, mujeres cuya religiosidad estaba atravesada por lo ancestral y lo pagano. Recuerdo ahora a una de ellas, pequeña y encorvada, que subía todas las tardes hacia el monte con la excusa de apañar pa los conejos, pero, ¡tantas horas ella sola en la espesura! me hacía sospechar que algo más tenía que ir a hacer allí…

En este lugar crecí yo, pensando que era un sitio como otro cualquiera, pero hoy, que es solo un lugar en la memoria, reconozco en él a un Macondo, o más bien una Comala, pues de insólito y extraordinario tenía más de lo que tienen la mayoría de lugares imaginados. No lo sabía entonces, pero lo sé ahora. En aquellas márgenes del mundo no existía la extrañeza como la conozco hoy, si no que su diaria monotonía tomaba forma en una sucesión invariable de extraordinarios prodigios.

Había, por ejemplo, un hombre que conducía un 4 latas tirado por un burro. Otro, al que se le consideraba el más viejo del lugar a pesar de que no se sabía con certeza su verdadera edad, pero que los cálculos de los vecinos llevaban más allá de los 120, y al que podríamos considerar hoy un fantasma, pues se le creía sordo y se terminó por sospechar que estaba disecado. Un caño, que llamaban de los modorros, del que manaba un agua que parecía afectar a la conducta de los que allí abrevaban, hombres o bestias. Un cementerio neolítico donde uno de los paisanos del pueblo plantaba las berzas y las patatas. O la mano incorrupta de un niño que apareció entre los muros de la iglesia vieja cuando por fin se decidieron a arreglarla…

Han pasado muchos años de aquello, y hoy vuelvo por vez primera, (y esto es otra historia), a tocar entre sus muros… yo, que con tanta facilidad soy imbuido por los recuerdos que me construyen y por lo que trashuma de los lugares y las personas, por esta circunstancia creo que será un concierto diferente… quizás mejor… quizás peor… en cualquier caso diferente. Para los que tengáis interés en ello, os digo que será este próximo sábado 22 en la iglesia vieja de Villahibiera, a las 20:00 horas.

RM Trío en Cármenes

¡Ay amigo!, ir a Cármenes tiene para mí un significado especial, no es un sitio cualquiera en el recuerdo, es, en mi biografía, un totem, la guarida, una puerta a lugares difusos de la memoria a los que uno rara vez vuelve pero que saborea ansiosamente cuando lo hace. Que aquellos que ocupan sus calles y plazas, los que abren el casino, o los que alguna vez se dejaron caer por la Profunda o el Calixto sigan queriendo hacer un hueco a este humilde peregrino es emocionante. Yo que tan salvajemente habité sus praderas, que cobijo tuve entre sus muros, y ungido por la tribu fui bautizado con orumiel a los pies de la hoguera, ¡qué invasión la nuestra en la collada! al albur del aire que baja del cueto y mas allá, yo, digo, vuelvo como vuelven los hombres al lugar en el que se es feliz. Y no vuelvo solo, vuelvo con amigos como Sofía y Jaime, y no vuelvo vacío, vuelvo lleno de cantares y contares que haremos visibles en el propio Casino, este próximo martes 4 de agosto, a eso de las 22:00 horas

Rodrigo Martínez y Jaime del Blanco en la Casa Sierra Pambley de la ciudad de León.

Con motivo del 20 aniversario del Museo Sierra Pambley el señor don Jaime del Blanco y un servidor hemos sido convocados en el propio Jardín de la fundación, junto al veterano grupo de folk Sog, para ofrecer un concierto como se merece. La cosa se materializará el próximo sábado 25 de julio dando comienzo nuestra actuación a las 20:00 horas. Todo lo que rodea a este concierto hace que acudir merezca la pena. La compañía, el motivo, el sitio, el resto de actividades que lo rodean, la propia formación en dúo con la que vamos a actuar, que no es la acostumbrada etc… Dada la complicada gestión del aforo para acudir habéis de haceros con vuestra invitación que podréis conseguir en este enlace que aquí os dejo. Hasta los rigores del calor parece que nos van a dar una tregua. Me encantaría veros por allí.

«Port of Spain», la nueva trilogía videográfica de R.M. Troupe.

Surgió como surgen las cosas inesperadas, de improviso, sin mucha preparación y con la frescura de lo espontáneo, realimentando así la propia naturaleza improvisatoria de este trío tan poliédrico al que nos vimos abocados. Habían preparado un poco el escenario, algo sencillo, y en medio de la prueba empezó a llegar el público de a poco. Eran la mayoría músicos. Uno de ellos se afanaba en preparar la cámara con la que llevaría a cabo su fechoría. Y así, durante el concierto, con un estilo que rozaba ligeramente los preceptos de Dogma, fue como nos arrancó una serie de piezas a la que pusimos el nombre del lugar: Port of Spain. Fue un retrato furtivo y un poco cruel, pero en cualquier caso verdadero, obligados a la desnudez por el cansancio que traíamos. Decidme si miento, pues aquí os traigo una de las piezas. La primera.

Rodrigo Martínez Troupe hacia el sur: Jerez, Almería, Terque y Madrid.

Jerez de la Frontera, Almería, Molino de Terque y Madrid. No se como ha podido suceder, pero sí, me he dejado engañar por la buena gente de Clasijazz, un colectivo de musicantes de buen hacer, que organizan todo tipo de conciertos, sesiones, reuniones en torno a la buena música. Su última ocurrencia es un ciclo de folk atlántico en el que al parecer creen que nosotros tenemos cabida, lo cual es un honor y un privilegio al que no podíamos negarnos. Así que esta semana de mediados de enero nos vamos a su encuentro para celebrar lo que ahora os indicaré, más alguna que otra cosa de camino, que hay que aprovechar el viaje. Hablo en plural porque no voy solo sino bien acompañado, vendrá don Jaime del Blanco, y el señor Víctor M. Díez. Aquí os lo resumo:

Jueves 15 de Enero – Jerez de la Frontera (El corral de San Antón 19:30h)

Viernes 16 de Enero – Almería (Port of Spain, 20:00h)

Sábado 17 de Enero – Molino de Terque (Clasijazz) Concierto a las 12:30h, y proyección de Ruchare a las 15:00h

Domingo 18 de Enero – Madrid (Teatro Chulonamia, 19:00h)

Rodrigo Martínez en Alija del Infantado dentro del ciclo «Trece Piezas».

De la mano de «Sembrando cultura» ve la luz este ciclo de conciertos que, bajo el nombre de «Memoria: 13 piezas», propone un viaje a través de diversos espacios históricos de alto valor artístico con artesonados mudéjares de las provincias de León y Zamora, lugares en los que motivar la alianza entre música y «cielos de madera» que contemplan siglos de historia. Para esta labor la organización ha tenido a bien considerar que mi persona podría tener cabida e interés en este ciclo, cosa que agradezco, y por lo cual me propusieron la posibilidad de ofrecer un concierto en Alija del Infantado, propuesta que acepté de buen grado, pues me pareció una idea interesante. Y así tomó forma este concierto que tendrá lugar este próximo día 3 de enero de 2026 en la magnánima iglesia de San Esteban de Alija del Infantado, a las 20:00 horas.