Pronto, a primera hora de la tarde ya estaremos preparados, haciendo recuento de los últimos telares, enviando un wasap de última hora con algún recordatorio, cargando los bártulos en el coche, tranquilos, porque vamos cerca de casa y a buen seguro habrá amigos entre el público. Estoy viendo a Pablo acercarse hasta el estudio, que unos días atrás dejó allí la mesa y tiene que ir por ella, Sofía, metiendo el curdión y otros telares necesarios, -¡Rodri avísame cuando salgas de casa!.- Cargaremos el equipo de sonido, y cogeremos la autovía hacia el sur, y apenas llevemos unos minutos ya saldremos en el desvío para ir a Villacete, que allí se celebra el concierto. Llegaremos a la iglesia, descargaremos el equipo y dos horas por delante de montaje y prueba. Cuando menos demos cuenta, ya nos estarán apremiando…¡¡venga!!, que es la hora…que empieza el concierto, que ya son las 19:30h… entonces nos sentaremos a la vuestra vera, y comenzaremos a cantar y contar los cantares de lo nuestro. Vamos a poner todo el empeño en hacerlo bien… es lo que solemos hacer. Todo esto acontecerá en la tarde del sábado 12 de septiembre.
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Rodrigo Martínez Dúo en Villahibiera.
Recuerdo muy bien aquellas ruinas. Recuerdo cómo se amecían de tal manera con el terreno y la vegetación que ya no se sabía qué era tierra y qué iglesia, dónde comenzaba la ruina y dónde terminaba el escollo, en un amasijo de piedras y madera, sumergidos en una brava nube de zarzas y espinos que invadía todo, y lo cubría de un dulce abandono como pocas veces he visto. Las portonas de entrada eran labradas y estaban resguardadas por los restos de una especie de antiguo atrio. Sus goznes oxidados la mantenían aparentemente trancada para un niño como yo pero su deterioro era tal, que se había entornado ligeramente una de sus hojas dejando una rendija lo suficientemente grande para que un guaje pudiera pasar, y lo suficientemente pequeña como para pasar inadvertida ante un adulto. Dentro, el techo estaba hecho jirones, con trozos de madera que llegaban casi al suelo y al levantar la mirada se veía mucho más cielo que artesonado. Era una pura amenaza. Más allá, a la derecha, abangada por los años, una vieja viga de chopo sujetaba el coro como al borde del colapso, y en frente, el altar, con algo más de fortuna, apenas parecía haber resistido el paso del tiempo.
-¡Oye!, ¿qué andáis ahí? ¡Venga pa casa! ¿Cómo hay que deciros que no vos ariméis ahí home, que está eso muy mal? ¡Cualquier día se cae!, estos guajes no hacen caso a nadie -¡Oiste!, No des guerra que vas pa entre los ríos con las vacas, deja ya de enredar-
La llamaban la iglesia vieja, que había sido de Santo Tirso creo, y estaba situada bien al final del pueblo, en el barrio de arriba, pegado al monte, sobre la cuesta que ya apuntaba hacia lo que llamaban la Cruz, un poco antes de las Barreras, un poco en alto. Para subir a ella, había una calea hecha a fuerza de pasar la gente, flanqueada por unas acacias que prometían buena sombra en verano, pero a pesar de la poderosa belleza del lugar era un reburdio continuo el run run de los vecinos sobre el estado de la ruina. Que era peligroso decían, que cualquier día se llevaría a alguien. Sin embargo, a pesar de su devastado aspecto, aún conservaba esa extraña condición de solemnidad que tienen los lugares sagrados, y conmovía su presencia como conmovía la sublime negrilla que tenía por compañera. Un arbolón majestuoso que, entre dos de sus raíces, poseía también una rendija por la que penetrar en su interior. Este era sin lugar a dudas nuestro verdadero templo.
Os he contado que el abandono estaba en la iglesia, pero no es verdad, el abandono se había instalado en todo el barrio, estaba desparramado por todas partes, con una maravillosa dulcedumbre que invadía el corazón.
Un buen día, sin que yo pudiera dar cuenta, apareció por allí una máquina e hizo de aquella calea pindia una suerte de camino algo más lustroso, poco, y de aquel desgarro, en el ribazo dió en aparecer lo más misterioso y arcano que puede conocer un niño, los restos de un camposanto, osamentas y calaveras de decenas de hombres que habían sido enterrados en derredor de la ilesia. Los adultos evitaban transitarla, y si alguna que vez se veían obligados, aceleraban extrañamente la marcha a su paso. No así los niños, que fascinados por el suceso nos afanábamos en la labor de sacar un cráneo completo, de contar las muelas en las mandíbulas o de poner nombres a los que allí yacían. Ni los esfamiaos perros lo querían cuando intentábamos darles, para ronchar, alguno de los restos. La muerte caminaba por aquellos páramos como un miembro más de la tribu.
El pueblo era a menudo asolado por fuertes tempestades que muchos veían como un castigo de dios. Era algo atávico aquel miedo a las tormentas que parecía venir de muy antiguo, y al que las viejas conjuraban murmurando jaculatorias en un extraño trance, mujeres cuya religiosidad estaba atravesada por lo ancestral y lo pagano. Recuerdo ahora a una de ellas, pequeña y encorvada, que subía todas las tardes hacia el monte con la excusa de apañar pa los conejos, pero, ¡tantas horas ella sola en la espesura! me hacía sospechar que algo más tenía que ir a hacer allí…
En este lugar crecí yo, pensando que era un sitio como otro cualquiera, pero hoy, que es solo un lugar en la memoria, reconozco en él a un Macondo, o más bien una Comala, pues de insólito y extraordinario tenía más de lo que tienen la mayoría de lugares imaginados. No lo sabía entonces, pero lo sé ahora. En aquellas márgenes del mundo no existía la extrañeza como la conozco hoy, si no que su diaria monotonía tomaba forma en una sucesión invariable de extraordinarios prodigios.
Había, por ejemplo, un hombre que conducía un 4 latas tirado por un burro. Otro, al que se le consideraba el más viejo del lugar a pesar de que no se sabía con certeza su verdadera edad, pero que los cálculos de los vecinos llevaban más allá de los 120, y al que podríamos considerar hoy un fantasma, pues se le creía sordo y se terminó por sospechar que estaba disecado. Un caño, que llamaban de los modorros, del que manaba un agua que parecía afectar a la conducta de los que allí abrevaban, hombres o bestias. Un cementerio neolítico donde uno de los paisanos del pueblo plantaba las berzas y las patatas. O la mano incorrupta de un niño que apareció entre los muros de la iglesia vieja cuando por fin se decidieron a arreglarla…
Han pasado muchos años de aquello, y hoy vuelvo por vez primera, (y esto es otra historia), a tocar entre sus muros… yo, que con tanta facilidad soy imbuido por los recuerdos que me construyen y por lo que trashuma de los lugares y las personas, por esta circunstancia creo que será un concierto diferente… quizás mejor… quizás peor… en cualquier caso diferente. Para los que tengáis interés en ello, os digo que será este próximo sábado 22 en la iglesia vieja de Villahibiera, a las 20:00 horas.
RM Dúo en Cubillas de Arbas
En vísperas del ampliamente comentado eclipse, vamos a celebrar un nuevo concierto a dúo en uno de los pueblos de más altitud de la provincia, no el más alto, que el más alto es la Cueta, si no que me estoy refiriendo a otro que, aunque no tanto, también se las trae en lo que altura se refiere: Cubillas de Arbas, conocido en el mundo musicante por ser pueblo donde han resistido con brillo y esplendor las arcanas panderas de la montaña, y cuya fama comparte con su vecino Casares, además de ser cuna de una saga mítica de curdioneros, los Elicios, uno de ellos, el más joven, el hijo, compañero mío de batallas de juventud en la archiconocida banda leonesa Pandetrave. La cosa se está cocinando para el martes 11 de Agosto, a eso de las 20:00 horas aproximadamente, que aún está por ver si la luz acompaña.
Rodrigo Martínez Dúo en Reyero
Como de costumbre aquí os vengo a anunciar nuestra próxima fecha, ya la tenemos encima. Este sábado 8 de agosto actuaremos en el pueblo de Reyero. El concierto será también a dúo, ¡sí!, pero esta vez no vendrá Sofia (la echaremos de menos seguro) sino que me acompañará Jaime con el violín, que cruzará la collada para reunirse conmigo y dar comienzo al concierto a eso de las 20:00 horas en la iglesia del lugar.
Rodrigo Martínez y Jaime del Blanco en la Casa Sierra Pambley de la ciudad de León.
Con motivo del 20 aniversario del Museo Sierra Pambley el señor don Jaime del Blanco y un servidor hemos sido convocados en el propio Jardín de la fundación, junto al veterano grupo de folk Sog, para ofrecer un concierto como se merece. La cosa se materializará el próximo sábado 25 de julio dando comienzo nuestra actuación a las 20:00 horas. Todo lo que rodea a este concierto hace que acudir merezca la pena. La compañía, el motivo, el sitio, el resto de actividades que lo rodean, la propia formación en dúo con la que vamos a actuar, que no es la acostumbrada etc… Dada la complicada gestión del aforo para acudir habéis de haceros con vuestra invitación que podréis conseguir en este enlace que aquí os dejo. Hasta los rigores del calor parece que nos van a dar una tregua. Me encantaría veros por allí.
RM Dúo en Matallana de Torio.
Me entra un nosequé y un quéseyo al pensar en el lugar donde será nuestro próximo concierto porque podría decir sin desviarme mucho de la verdad que también soy un poco de allí. Y eso, ir a un lugar del que llevas un trozo dentro, siempre presta y pone nervioso a partes iguales. Ahora, eso sí, lo bueno es que habrá seguro un buen puñado de amigos… Por centrar el asunto os diré que voy a ir con mi buena compañera Sofía Miguélez que toca el curdión y canta como los ángeles, y que será en La estación, en la Casa de las Culturas, a las 19:00 horas. ¡Ojo! es en el Barrio de la estación (Matallana de Torío) que los que subís del campamento romano a menudo os confundís… el sábado 13 de Diciembre. Venirsus.
Rodrigo Martínez Dúo en Veguellina de Órbigo.
Volvemos a la carretera. Esta vez nos vamos a orillas del rio Órbigo, aquí cerquina, en concreto al lugar de Veguellina, para dar un concierto a dúo con Sofía Miguélez, maestra curdionera. Será el próximo domingo 25 de mayo, a las 19:00 horas en la sala Fundos. Haremos un repertorio de los que solemos, cantares de la tradición leonesa aderezados con melodías de nueva factura, y no dejaremos de llevar algunas copias de ese nuevo trabajo que presentamos hace a penas un mes: Ruchare. Seria muy bueno veros por allí, nos encantará.
«Cara de Luna» quinta pieza de la serie «León hora cero».
«Cara de Luna» era, entre otras, una de las piezas del repertorio que no tuvimos tiempo de montar en trío para aquel concierto, por lo que fue grabada a dúo. Aquella semana dimos nuestros primeros conciertos en trío, dos en Asturias y uno en León. De este último es del que forman parte todos los videos de la serie «León hora cero», que fue grabada como digo en vivo y en directo la tercera noche de diciembre del año 2021, en el Teatro Albéitar. Esta es su quinta pieza.
Rodrigo Martínez Dúo en Valderilla de Torio.
No era mala cosa, ahora que además tenemos disco nuevo y puede ser una buena ocasión para hacerse con él, que os acercarais a Valderilla de Torio a vernos tocar este próximo viernes 5 de julio. Yo creo que va estar guapo, allá a la atardecida, sobre las 21:00, para que vaya escureciendo poco a poco mientras tocamos y quede la cosa entrañable. Si lloviera o viniera la truena y se pusiera buro, no tienes problema ninguno porque entonamos el tente nube camino de la iglesia, y allí al resguardo hacemos el concierto como si nada, y en la gloria. Además, esta bien decirlo, la mi nueva compañera artística Sofía Miguélez, que toca terrible de bien y un servidor hemos ensayado estas últimas semanas de lo lindo y estamos compenetraos y suena el dúo a gloria bendita, así que no vos embobar y tirar pa allá, que os va a prestar. Os lo digo yo que ya he ido conociendo a la gente de la A.V. Los Telares del Torio y son ole de bien.